Me considero una persona normal a la que le gusta expresar sus sensaciones, sus sentimientos de una forma escrita, más o menos acertada y compartir dichas sensaciones con otras personas, probablemente bastante parecidas a mí.
Toda mi vida he andado con las manos en mis bolsillos,
no, ni por comodidad ni por chulería.
Me he sentido cómodo, quizás protegido.
Muchas veces las manos hablan
y otras muchas no.
Quizás por ello durante mucho tiempo
me gustó llevar las manos dentro de mis bolsillos.
Nunca presumí de ellos llenos,
más bien al contrario,
alguna costura extrañamente descosida
siempre me hacía dudar de mi patética economía.
pero siempre que salían a pasear mis diez deditos
era para intentar abarcar la felicidad
dentro del camino aún no andado.
Bolsillos que prometen, manos que se resguardan,
manos en los bolsillos,
como una manera de preservar
quizás de un contínuo y frio invierno.
Me dí cuenta una noche,
en que la Luna cambió mis vueltas,
que mis manos podrían salir a volar
y encontrarse con otro par como ellas.
Volaron las manos, como palomas veloces
mensajeras de una verdad bella.
No volvieron nunca más
a esconderse dentro de mi tela.
Se fundieron diez por diez
alternos alrededor de una única Huella,
amanecimos, mano con mano
y en la palma una promesa.
Bolsillos que esconden,
las manos ¡que torpeza!
si son el espejo del Alma
cuando hablan, cuando besan,
cuando rozando la piel de quien amas,
deletrean tu alegría o tu tristeza.
Libres se sienten mis manos
cuando a mi amada se aferran
nuestras vidas caminan de la mano
y de la mano juntas sueñan.
Angel Busto Maneiro.