Me considero una persona normal a la que le gusta expresar sus sensaciones, sus sentimientos de una forma escrita, más o menos acertada y compartir dichas sensaciones con otras personas, probablemente bastante parecidas a mí.
El viento sopla sobre mis sienes, alborotando mi pelo, ráfagas de libertad en esta madrugada fría de invierno.
La noche lo envuelve aún todo, pero tras las montañas se empieza a adivinar una tenue claridad que poco a poco irá desvaneciendo las sombras.
Llueve ligeramente, débil llovizna que trae un aroma fresco a monte mojado, a eucaliptos, a pìnos y jaras, olores familiares, entrañables ... Recuerdos que regresan una y otra vez desde hace muchos, muchos años, fieles a una nueva cita entre la Naturaleza y mi Alma.
Monto la caña, sencillo aparejo. Carrete, hilo y terminal de acero. Es hora de echar a andar, mientras las gotas de lluvia, a ráfagas y traídas por el viento tamborilean sobre la capucha de mi parka, sobre mi espalda, sobre el agua, sobre el suelo ….. recreando una fantástica música, armoniosamente simple, simplemente bella, que me hace sentir libre, espectador privilegiado en estas mágicas horas de la madrugada.
En la pequeña mochila saltan unos contra otros dentro de su caja los artificiales, mientras la vereda me va conduciendo en fantástico paseo hacia la ribera, entre la oscuridad y las sombras. Mis pasos me guían, tranquilos y seguros, entre las rocas sueltas, los arbustos tendidos y el correr de algún regato recién nacido de la lluvia, siempre recto hacia la quietud del agua, despacio, disfrutando cada segundo de mi marcha hacia el Embalse.
Poco a poco la luz va difuminando las sombras y las siluetas empiezan a contornear la realidad. La Montaña aparece justo frente a mí, donde siempre presentí que estaba. Los colores aún no existen, simplemente millones de tonalidades de negro y quizás gris, aunque mis ojos, ávidos de sensaciones desde hace ya bastantes minutos, aprendieron a disociar la Realidad de las Cosas, de la Fantasía en la negrura de la Noche.
Huele a niebla, a lámina de agua, cuando mis botas rozan el Pantano, el dedo preparado desde metros antes, suelto el sedal prisionero en armonioso vuelo hacia la incógnita del agua. A duras penas logro ver, casi presiento el lugar de la posada de mi rapala. Interpreto el sonido de su entrada en el agua y confirmo, siempre entre tinieblas, que la profundidad es la adecuada. Apenas un par de metros de cortina de agua, mientras siento en mi Alma cada toquecito del pececillo en el fondo, mientras recojo la línea con toda la calma y serenidad que me bendice el Momento … momento tanto tiempo esperado. Comienza a Amanecer…..
Orellana al Alba.