Me considero una persona normal a la que le gusta expresar sus sensaciones, sus sentimientos de una forma escrita, más o menos acertada y compartir dichas sensaciones con otras personas, probablemente bastante parecidas a mí.
El rio baja lentamente,
sin prisas por llegar,
como la mañana.
Poco a poco va clareando
y la luz comienza a despejar las sombras.
La niebla sobre el rio
se transparenta como una gasa,
que deja entrever, a ratos,
juncos y espadaña.
Flotando como una alfombra de terciopelo
varios metros de ova,
movida por la corriente,
suave como el pelo de una ondina,
como el mecer de un sauce,
llorón de lágrimas
que centellean al primer rayo de sol,
como querer y no querer…
Duda de la luz,
como si de un sueño se tratase,
de un sueño real.
Hombre y Rio,
caminante y camino,
reencontrándose en cada piedra,
cada remolino, cada mirada,
cada palmo de rio.
Recoger los recuerdos,
de cuando niño.
Nada ha cambiado,
todo sigue en su sitio:
El puente romano,
roto y vencido,
que cobija en su poza aquel barbo
que se fue rompiendo el hilo.
La tabla de la hiedra,
con los lucios y el invierno frío.
La roca del Pico del Aguila,
la cabaña del Seve,
la ermita excavada en la roca de la montaña,
el camino de Bolarque,
la entrada del Jabalera,
el sitio donde acampábamos,
la recula de la Piedra …
Hombre y Rio se miran
y los Recuerdos clarean,
en los ojos de las aguas
¡tantas y tantas cosas se reflejan!
Hoy he vuelto a encontrarte,
bajando lentamente,
sin prisas por llegar,
como mi vida,
poco a poco.
Te voy recordando como fuiste
y como ahora llegas.
Nada ha cambiado,
de nuevo vuelvo a sentirte,
Compañero, Rio que me llevas.