Me considero una persona normal a la que le gusta expresar sus sensaciones, sus sentimientos de una forma escrita, más o menos acertada y compartir dichas sensaciones con otras personas, probablemente bastante parecidas a mí.
Esta historia ocurre allá por el año 1967 o quizás 68, con la Peña de Pescadores de Barreiros, en la cual participábamos mi padre y un niño de siete u ocho años que era yo.
Por aquel entonces no todo el mundo tenía coche propio y las Peñas eran la única opción para viajar y poder pescar lejos, así que todos los domingos iba el autocar hasta arriba de pescadores, esposas e hijos, eso sí, dentro de un ambientazo de órdago. ¡Qué tiempos!
Recuerdo que mi padre me dijo muy solemne: “ esta vez iremos a pescar a Helechosa de los Montes, en el Pantano de Cijara “. A mi me sonaba lejísimos, a aventuras de las auténticas y ante mis ojos de niño así lo vería, cuando aquel autocar trepaba por las cuestas de aquellas carreteras de los años sesenta. ¡ Os podeis imaginar aquella tartana subiendo por las carreteras de entonces rumbo a Puerto Rey! ¡ Con decir que tardamos más de cinco horas en llegar !
Desde que salimos de la Churrería de Talavera se me hizo interminable, aguantando aquel sueño aplastante que me hacía cabecear una y otra vez y soportando aquella borrachera de humos de Celtas y Bisontes, mezclados con tufos de café de termo y ronditas de coñac o anís, bastante heavy para un niño de mis años, aunque lo único que importara para mí fuera llegar al Pantano y poder pescar.
Aguanté todo el viaje dando cabezazos, porque yo, lo que más quería, era ver la carretera, aunque en realidad no se viera nada y como siempre, me fui a dormir casi llegando al destino. Alguien dijo: “No se vé nada, ¡menuda niebla!”, abrí los ojos e intenté quitar el vaho de la ventanilla, mas no lo conseguí, mientras mi padre decía: “ venga pa-bajo”.
Fue entonces cuando conocí Cijara por primera vez.
Bueno, es mejor decir que conocí las célebres nieblas de Cijara, porque la niebla lo inundaba todo como si fuera “ un mundo de algodón “ y así estuvo hasta las 12 y pico en que se empezaría a verse algo.
Cogimos los bártulos , las cañas y el calambuco con los peces vivos de cebo ( que por cierto se compraban en Talavera, pero tenías que llamar por teléfono el día antes, para que una señora con rulos se levantara a las 3 y media de la mañana para vendértelos, que los tenía en una pila en la terraza … ) y comenzamos a descender hacia la nada, porque nada se veía entre aquellos eucaliptos.
Recuerdo aquella mañana de pesca, aquella niebla. Mi padre clavó tres o cuatro lucios con pez vivo, de vez en cuando desaparecía entre la niebla y aparecía con un lucio, pero yo no me moví de al lado de la fogata hasta que comenzó a clarear el sol ¡ Qué frio y qué sueño !.
De repente comenzó a disiparse la niebla y fue cuando me percaté que a nuestra derecha estaban otro padre y otro hijo, de nuestra peña, en las mismas condiciones que nosotros. Recuerdo como si fuera ahora mismo al Señor Leoncio ( el conductor del autocar y a su hijo José Luis, al que llamaban el Tigre, un par de años mayor que yo y que tenía unos pedazos de palas o dientes fuera de la ley. La verdad es que era un poco tonto el menda, siempre abusando de los pequeños … ).
( Venga que comienza la acción ….)
Fue entonces, al verme, cuando este Tigre, cogió su cañita y con una cucharilla de lana pasó por delante mía diciéndome: “ Pues yo me voy a pescar lucios al fondo de la recula “ para darme rabia el pedazo zolocotroco. -
“Papaaaaaaa, yo quiero ir también con una cucharilla con José Luis, papá, papá, puedo? ” y mi padre por no aguantarme me dijo: “ “Venga vale pero no te caigas al agua” y para allá que me largué con mi cañita de metro y medio y mi lana roja.
Al llegar:
-- “Jolín macho, dónde lo has cogido, que grande. “-- le pregunté nada más llegar adonde él estaba, --”Pues ahí , dónde va a ser, en esas ramas dentro del agua, pero sólo había uno y lo he cogido yo” (decía mientras levantaba bien alto el lucillo atado al cordel y lo miraba y lo remiraba, como para darme envidia. Yo me lié a lanzar por allí y entonces ….. ¡ZAAAS! , “ Un lucio, un lucio” y sin parar de recoger, saqué fuera de la orilla al lapicero más asustado de todo el Cijara ,” ¡ vaya pedazo de lucio, por lo menos pesaba un kilo ! ”decía yo, mientras lo inmovilizaba con un cordón de una de mis botas y lo ataba a un árbol que había en la orilla para que no se me escapara. - “A ver, a ver … se acercó José Luis, baaaaaah, el mío es más grande y además está vivo y el tuyo nooooooooo “ cantaba como sólo lo saben hacer los niños, con esa extraña musiquilla del sorteo de Navidad, mientras paseaba su lucio atado a la cuerda por toda la orilla, como si fuera un perrillo y cantando “ mi lucio está vi-vo y el tu-u-yo no- ooooo. ”
Mientras tanto, mi lucio no resucitaba ni pa-trás , ni aunque le pusiera al sol. Me estaba haciendo de rabiar de lo lindo el muy tonto, porque pasaba una y otra vez cantando por delante mía “ Mi lucio esta vi-vo y el tu-u-yo noooooo “ como sólo los chiquillos saben hacer rabiar y ¡ qué cabrón! ¡ lo estaba consiguiendo!. Una y otra vez, durante más de una hora, así todo el rato, hasta que de repente se calló y ¡que raro!, no volvió a cantar más. Buf que alivio, ya se ha cansado, pero … ¡ que raro! … Estaba el pollo allí sentado en la orilla con los brazos rodeando las rodillas, como dormido …………. Sin cantar ….. ¡ que raro !
Pasaba la tarde y el menda allí sentado, como encogido, una vez me pareció que estaba gimoteando, como llorando por lo bajinis, para que yo no le escuchara. Entonces vá y le dice mi padre: ”¿qué Tigre, ya no cantas ? “Y va y le contesta el padre del susodicho: “ Calla, calla, que se le ha escapado el lucio, anda gilipollas tira pa-lante que eres tonto” y dándole un pescozón en el cogote “ esto te está bien empleado por tontol--culo que eres un tontol--culo” …. Y el otro venga a llorar mientras yo me partía de risa, eso si, muy cerquita de mi padre, por si acaso.
Al llegar las cinco de la tarde, que era cuando todos los pescadores pesaban lo que habían pescado, el Tigre había desaparecido (se habia echado a dormir en el autocar) y yo llevé mi lucio a pesar. El de la Romana dijo para que apuntaran: “ Angel Busto hijo, un lucio deeee … un kilo y …. Un kilo y … bueno: Un kilo”
jJooooooolin ¡ que sensación! … mi primer lucio y era el único niño que habia pescado, bueno … que habia pescado y habia guardado el pez para pesarlo. Era el Campeón de Cijara. Mi padre me echaba un brazo por encima del hombro y yo no paraba de silbar aquella musiquilla del “ ni-nini-ni-ni-niiii y el tuyo noooooo” mientras aquel tigre parecía un gato ron-ronero tras el cristal de la ventanilla del autocar.
Aaaay, ¡que historias!, que las estoy escribiendo y me estoy partiendo de risa, ¡qué tiempos y que bendita inocencia la de aquellos años!.