Me considero una persona normal a la que le gusta expresar sus sensaciones, sus sentimientos de una forma escrita, más o menos acertada y compartir dichas sensaciones con otras personas, probablemente bastante parecidas a mí.
Una ráfaga de brisa, termina de rizar la superficie del agua, batiendo una ligera espuma en la rompiente de la arena, sube acariciando la duna y se detiene sobre los pelillos rizados de mis piernas, llenándolos de minúsculos granos de finísima arena. Cálido juego, recostado sobre ella, mientras la pequeña sombra del macuto pugna por abandonar la protección buscada para mi cabeza.
El sol en lo alto, calor de verano, soledad buscada en algún rincón de arena escondido en mitad de la nada. El mundo duerme, sestea, ajeno a mi Libertad, muy lejos del veraneo, las playas, los chiringuitos, las paellas y las siestas….
…. Ambas cañas lanzadas a fondo, lejanas, buscando la profundidad de las grandes piezas … ha sido una buena mañana, sucediéndose buenas picadas, entre cigarrillo y cigarrillo … la mirada perdida, siempre con los puntales de las cañas en primer plano y el horizonte siempre azul detrás: Azul arriba, azul debajo, mientras una dorada línea de arena nos separa a los peces y a los mortales, de la belleza y grandeza del Azul de los Angeles.
Silencio ... siempre silencio, las palabras no cesan … pero dentro. Soledad, maravillosa soledad, alfombra de espacio-tiempo donde retozar como un gato, campos de recostados trigos, cereal dorado, contrastando con los levantados y oscuros barbechos y entre medias de ambos, como concediendo un respiro de vida y de color, mantos y mantos de girasoles enamorados del sol, de la luz y del aire.
Mediodía en Alarcón, el aire se enciende, las chicharras cantan bajo algún pino, allá lejos, tras la banda de arena de la desnuda recula, otrora llena de agua. Lejanos árboles que sugieren sombra y frescor.
Calor … el sol castiga la piel a los incautos. La caña adivina una promesa, duda un momento y finalmente se arquea. La brisa convirtiéndose en viento, rolando sobre las crestas de pequeñas olas, que unas tras otras, en magnífica danza, baten sobre mis rodillas, inmersas éstas dentro del agua. Frescor del agua, frescor del viento, acariciando mis oidos susurrando, sugiriendo ... Mientras la línea del sedal se estira infinitamente como un invisible puente, silenciosa lucha de fuerzas cada una en un extremo de la recta …
El Sol de Alarcón, su Brisa, la claridad del Agua … las Carpas … Cada minuto es una eternidad, cada eternidad una delicia. No hay prisas, estoy sólo en mitad de mi Mundo.