Me considero una persona normal a la que le gusta expresar sus sensaciones, sus sentimientos de una forma escrita, más o menos acertada y compartir dichas sensaciones con otras personas, probablemente bastante parecidas a mí.
Era Alberto un buen chavalote, majete, educado y sobre todo trabajador. Todo lo que se proponía acababa consiguiéndolo. Era una auténtica máquina en su trabajo, pero tenía una terrible obsesión y a la vez tremenda aficción: ¡Pescar!
Salía el Alberto una vez al mes a pescar con sus compañeros del curro, pues tenían una peñita montada y llevaban una historia de esas “de campeonatos de pescar más que los demás”... pero nuestro “simpático protagonista” era “malo de cohone”, nunca pescaba “ná-de-ná”, a pesar que se esforzaba “por un tubo”, como el que más ... o más aún … hasta que un día … (tacháaaaannnn):
(escena: cánticos de pajaritos, mañana soleada, un fornido pescador canta una canción marinera, preparando el engodo …… mientras en una recula, cabizbajo, pasea sus pensamientos, nuestro prota, El Alber.
“Jodeeeee, que solazo que pega. Este pantano es una caca, con las carpas que hay y no cojo ni media … ¡halaaaa, cómo saltan! … ¡ lo que daría yo por pescarlas toooooas y quedar el primero, hoy! … ¡se iban a enterar esos! …
“Estoy de acuerdo contigo” (dijo una vocecilla a su espalda), “Tú deberías ser el Campeón, pues te esfuerzas más que nadie”.
“Pero, coño, ¡quién eres tú? (dijo el Alberto, sobresaltado, al ver a un indivíduo pequeñajo y colorao, que arrastraba colgado de ambas manos un pedazo de lucio de siete kilos)
“¿Yo?. Yo soy el Demonio de los Pantanos y puedo convertir en realidad todo lo que tú quieras …”
“ ¡ Hala-pírate, cabeza-buque … que tú lo que quieres es beberte mi bota-vino !”
(Al momento se empezaron a oir unos tremendos truenos mientras el aire se llenaba de relámpagos … rayos … y centellas. El demonio-ese comenzó a mover las manos y muy rápidamente los dedos, mientras (como por arte de magia, claro) las dos cañas del Alber se doblaban como locas)
“Ahí tienes la prueba de que puedo hacerte campeón” ( dijo el demoño cododao ese) ¡ dos carpas de nueve kilos cada una! .
“ … Ahí vá ...pues sí que eres tú el demonio de los pantanos ese, pero el auténtico de verdad. Toma, toma ….un poco de vinillo que tengo por aquí fresquito en la bota, que tú y yo vamos a hablar del gobierno.”
“Veamos … ¿qué quieres? Glglglgllllgllll (tragando vino) … glglgllllgggllll … (más vino) Campeón, ¿no? ….. Glgllllglllll … ¿qué estarías tú dispuesto a darme … tú a mí …. a cambio … si consigo hacerte pescar como nunca has soñado? … ¡eh! … ¿qué estarías dispuesto a darme?”
“mmmmmmmmm, mmmmmmm ” … (Albertito, estaba pensando).
“¿Me darías tu vida … acaso me darías tu salud ? … no , ¿verdad? … ¿me darías tu coche nuevo, me darias tu sueldo? … claro … ten en cuenta que estamos hablando deeee …. ¡hacerte Campeón, sí, sí ….. Campeón! …...Glllgllllglllllll … ¿qué estarías dispuesto a darme tú a mí, a cambio, eh, chavalín?”
“¡ joooolín, macho, no pides tú nada, ¿no podría ser algo más sencillo … compréndeme, que es que está la cosa algo jodidilla, sabes?”
“Fale … fale … vamo a ve, vamo a ve …. argo sensillo …. (echa pa-cá el vinillo gggllllggllllgll), ahhhhhh ¡que bueno que-et-tá … veamos : se me ocurre … ¿me darías tan sólo, solito, un minuto de tu puñetera vida? … ¡un minuto! …. Piensa que son sólo sesenta segundos…. Nada de nada, apenas … Seguro que ni lo notarás …
(El Alber estaba petrificado, hipnotizado, viendo las carpas que le había pescado el Colorao ese de los cuernos retorcidos, mientras ese mismo Colorao de los cuernos retorcidos se trincaba hasta la última gota de vino)
“ Mmmmmmmm … ¡vale! …¡Por un Minuto! ….¡eh,eh …¿pero donde se ha ido? … pero ¡será joputa que-sa-bebío tol-vino el pedazo animal ….¡ahí vá ...la caña, ahí vá ….la otra ! …¡cómo tiran las jodías! …
(Ese día, el Alber, digo Don Alberto sacó 38 carpas, la más pequeña pesaba 6 kilos. Al final de la tarde se dirigió con su preciado cargamento hacia la zona de pesaje, en donde le esperaban sus compañeros. Alberto llevaba en su rostro una sonrisa “de las de colgate” que te cagasssssh.
¡Eh mirad, muchachos … pero si es el Alber ...qué pasada! … gritó uno de sus compañeros, mientras los demás corrían para alzarle en hombros como a los toreros … “campeo-ooon, campeo-onnnn, oe, oe, oeeeeee” (la experiencia era ma-ra-vi-llosa, el placer indescriptible y la sensación de triunfo a-co-jo-naaaaante, nunca antes había sido tan feliz en su vida, ¡qué felicidad macho! … …….pero ……)
“ Chissssh …..Chisssssh … oye…. oye … oye … Alberti iiii - tooooo”
(Estaba nuestro super-héroe encendiéndose un purito-reig de esos de los campeones, con una sonrisa grandiosa, de Campeón, claro …. Se volvió lentamente y vió entonces al enano colorao ese mirán-dole fijamennnn-te. Tenía el cabronazo la nariz colorá del vino que se había plimplao, pero lo que más le inquietó fue aquel extraño brillo en los ojos …)
(Se hizo un silencio en todo el Pantano … y entonces el demoño, con voz susurrannnnn-te le dijo al oído: ) -” Vengo a por mi minu-to … me lo debes” mientras pestañeaba a una velocidad endiablada (claro).
Albertito, sobresaltado casi se muere del susto al ver bien al demonio. ¡Este era más cabezón y más feo aún que antes. Pero lo más terrible era que el lucio que arrastraba con las dos manos se había transformado en un enorme pollón de tres pares.
“Vengo a por mi minuu-tooooo, me lo debes … anda corazón, que te voy a llenar a besos… si no te vás a enterar … anda, anda, vete bajando los gayumbos que voy pa-llá, pero… pero … ¡que-güapo-ere!” …
¡Oh noooooo , socorro, es un demonio julandróoooon, socorro, por favor, ¡que alguien me ayudeeeeee!!!!
FIN.
( tengo que decir que hemos vuelto muchas veces a ese pantano, pero ni rastro del Alber. Dicen los más viejos del lugar, que al atardecer se pueden ver sobre la línea del horizonte a dos descabelladas figuras: una cabezona y con algo enorme entre sus manos persiguiendo a un alma en pena que purga su ambición por los siglos de los siglos….)