Me considero una persona normal a la que le gusta expresar sus sensaciones, sus sentimientos de una forma escrita, más o menos acertada y compartir dichas sensaciones con otras personas, probablemente bastante parecidas a mí.
Por el camino, serpenteando las lomas, venía el Land Rover, bueno, no era un “lanrover” propiamente dicho, sino una marca japonesa de esas potentes y modernas, pero a fin de cuentas un pedazo-bicho-todo-terreno que levantaba una polvareda tremenda con su pedazo-motor y su tracción “en-todas-las-ruedas”.
Venía el bicharraco hacia el pantano, hacia aquella recula tranquila y alejada del pueblo, recula sosegada en donde cantaban interminablemente su dominio veraniego las chicharras y los grillos.
Paró aquel coche bajo el gran roble y de él bajaron, como rajando la mañana con el filo de sus voces dos chavalillos que seguramente no tendrían la mayoría de edad entre los dos juntos y tras dos o tres carreras sin rumbo fijo predecible, rodearon el coche, justo en el momento en que descendió de la puerta del conductor la figura del padre, impecablemente vestido de pescador del “corte-inglés”.
-”Sí, posiblemente la vida les haya cambiado algo”, pensó el padre para sus adentros, “seguro que para mejor”.
-”Mucho, mucho trabajo y siempre la misma escusa, la de no tener tiempo para disfrutar con los niños” … “pero hoy, por fín, podremos estar juntos, incluso con el abuelo, que así le da un poco el aire, al hombre … a ver si tenemos suerte y pescamos algo” … ( mientras, iba bajando las cañas y los aparejos, las cantimploras de agua y los macutos , que los chavales se iban poniendo a la espalda, como si de una aventura tantas veces prometida se tratara) … -”Abuelo, ¿no bajas?” chillaron los niños.
-¿ Era esta la recula, verdad padre?, preguntó aquel hombre y sin esperar respuesta ( pues estaba convencido que bien la sabía) comenzó a caminar hacia el agua. Ya estaban los muchachos arrancando por la vereda, metros por delante, cuando se volvió aquel pescador diciendo “ padre, cuando quiera va usted bajando despacito hacia el agua que nosotros le vamos pegando desde aquí a los blases” diciendo a los niños “ venga, venga, que ya nos pillará el abuelo” …
....”¡señor … cómo pasa el tiempo! … hace por lo menos veinte años que no veníamos por aquí, ¿verdad padre?”.
Estaba el abuelo sentado, aún en el asiento de atrás, los ojos entrecerrados, la mirada medio perdida y sin embargo captándolo todo, hasta el mas mínimo detalle:
“No, no había cambiado nada en aquella recula, ¡qué recuerdos venían a su mente, mientras su labio inferior temblaba ligeramente!. Menos mal que se habían largado, siempre les había dicho que los hombres no deben llorar y menos por semejantes tonterías.
“Sí, era igual que hace tantos, tantos años, cuando Miguel era aún un chiquillo. Aquellos árboles, aquellas colinas, posiblemente fueran hasta los mismos pájaros y la misma brisa”.
Despacio, muy despacio abrió la puerta, sacó su vieja caña telescópica y su zurrón .... de los de antes y empezó a caminar … sin prisas … “¿para qué las prisas?”, sintiendo como su pecho se hinchaba con la extraña fuerza que dan las emociones .... “sí, se sentía emocionado”, a cada momento sentía ganas de llorar, no sabría decir si de alegría o de … melancolía, sí, esa era la palabra .... tantos años encerrado en aquella casa de la ciudad .... la enfermedad, la torpeza de los años .... la rutina .... viendo como los dias se iban derramando entre sus dedos como si de arena se tratase …
Pero ahora sentía el Aire .... notaba el roce del agua sobre las rocas de la orilla, la sombra de los árboles delimitando sobre el cristal del agua, lo que era luz de lo que era umbría, la caricia del sol sobre el rostro, pero sobre todo el tacto, el calor y la firmeza de aquella cañita de pescar entre sus manos.
-”Abueloooo, abueeeeloooo …” gritaron dos figuritas desde el otro extremo de la recula, mientras saltaban de piedra en piedra, con un nerviosismo que desesperaba al padre, el cual, en vano, trataba de precisar los lances de su rapala, intentando en un inútil empeño el conjugar el asunto de la vigilancia de los chicos y la separación prudencial para poder pescar algo.
“Abueeeelooo, abueeeeloooo, que se le va a dormir el peeeeloooo” cantaban los niños.
“Pequeños cabrones” ( mascullaba entre dientes ) “ Un par de cachetes es lo que os hace falta”, mientras sus pasos le llevaban hasta la misma orilla. “No hay nada mejor para el Blás que una veletita y una buena lombriz engordada con posos de café, ¡ja, pobre Migué, no has aprendido nada en todo este tiempo! (y cantando por lo bajinis: “una buena lombrici-i-taaaa es lo mejón pa-ra el blaaaaaaas, lalalíiii-lolaloooooo, lalalíiii-loloiiiilo), mientras lanzaba su veletita muy cerca de los árboles, aquellas ramas sumergidas, que momentos antes eran un serio peligro para los rapalas del “entendido de su hijo”.
Al poco, padre y niños desaparecieron tras la punta del recodo y la soledad y el silencio se adueñaron de la recula. Allí estaba el Abuelo, abstraído en sus recuerdos, reviviendo todos aquellos momentos que habían llenado de alegría su vida, todos aquellos fotogramas que lentamente pasaban ante sus ojos llenándole de nuevo de vida, de una vida que creía hasta ese instante olvidada, olvidada o perdida. Y se sintió inmensamente feliz de estar allí.
Poco a poco fueron picando los blases. El sabía donde estaban, siempre habían estado allí, pasase el tiempo que pasase. Los fue buscando con paciencia, con deleite, disfrutando cada picada, cada sensación tantas veces repetida. Fue llenando la red con ellos, quince, dieciséis, diecisiete, mientras su orgullo de pescador herido crecía, más y más, con cada pez que cobraba. “se van a enterar éstos cuando vuelvan … ja … reirse del Abuelo … el Abuelo tiene mucho arte y todavía le quedan muchas pilas por gastar .. Ja, ja, jaaaa … ¡a ver qué cara ponen los diablejos esos cuando vean lo que ha pescado el Abuelo! … ja, ja, jaaaa … ¡ y al chulito-corteinglés le voy a dar pal-pelo cuando venga! … bah, vinilos, donde esté una buena lombriz que se quiten esos bichos de plástico …
........
El sol estaba en lo alto cuando volvieron a oirse las estridentes voces de los niños que incansables regresaban por delante de su padre: “abuelo, abuelo … mira que dos blases hemos cogido .... abuelo que ya llegamos…” saltando de piedra en piedra, mientras el padre jadeaba tras ellos (“diossss ¡qué tarde se ha hecho y el abuelo sólo allí toda la mañana” le había recriminado la conciencia momentos antes), “abueloooo, abueloooo y papá otro aunque menos grande”.
Por fín estaba llegando el momento de la gloria, cuando llegaran les enseñaría la red llena de blases que tenía allí, dentro del agua. Les diría que fueran a abrirla y les daría la sorpresa de sus vidas. ¡Y sin moverse de los arbolitos!
“Abuelo, abueloooo …¡le hemos ganado a Papá … nosotros dos blases y Papá sólo uno … dos a uno, le hemos ganado a Papi “, seguían corriendo y cantando los chiquillos.
???????
Entonces, algo dentro de él, en su mente o en su alma … le traicionó.
Agachándose discreta y lentamente, abrió la saca de los peces y uno a uno, los dejó ir …
………..
“¿Qué tal padre? ” jadeaba el pobre Migué, al llegar tras los crios, “¿cómo ha ido la mañana?, ¿se habrá tomado las pastillas de las doce?, ¿qué ha comido, porque ha comido, verdad?”
“Abuelo, abuelo, le hemos ganado a papá, dos a uno … ¿y tú que has cogido abuelo, no has cogido nada?.
“Pero padre .... ¡no me diga que no ha pescado nada con esas lombrices que lleva usted ...Jaaaa, ja, jaaa” rieron los tres.
En ese momento la veleta de la caña del abuelo se hundió con una picada tremenda. “Padre, ¡que le están picando!”, pero éste ya había engañado al pez y a sus tres vástagos.
Quiso la suerte que aquel black-bass pesara más de dos kilos, pero claro, habían ganado los niños: “dos a uno y a uno, aunque el del abuelo … el más grande”
De regreso a casa y en el coche, los críos hacían rabiar al abuelo: “ pero Yayo, ¿por qué no te viniste con nosotros? … ¡a lo mejor hubieras ganado tú también a papá!”. ……
¡Hemos ganao, hemos ganao … el partido colorao ….! cantaban los críos, mientras el Abuelo miraba, distante aquella recula ….
“Hasta la próxima …. te prometo que volveré” …..
Volveré......